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  • Foto del escritorDidio Pena Infante

Las finanzas no son una ciencia, son un arte.



Solía ​​creer que para dominar la gestión del dinero y la inversión era necesario acudir a un experto o aprender mucha teoría financiera. Entonces me convertí en un experto.


Fui a la universidad y estudié finanzas (5 años), obtuve una maestría en mercados de capitales (3 años) e incluso estudié derecho tributario (2 años), tratando de exprimir cada centavo a mi favor. Me convertí en asesor de finanzas personales, me registré como planificador financiero certificado y construí una práctica durante más de 20 años, visité a más de 2000 familias y crecí mi negocio a más de 25 empleados. Gané mucho dinero y desperdicié mucho dinero... pero no dominaba las finanzas, tampoco la mayoría de mis clientes.


A punto de cumplir 40 años, un día, después de que todos se habían ido de la oficina, recibí una llamada telefónica de mi banco solicitando el pago de mi deuda con 3 meses de retraso. Me afectó mucho, había hecho todo lo posible en mi mente racional para administrar el dinero adecuadamente, pero como propietario de un negocio y en mis propias finanzas, mi manejo del dinero no reflejaba eso.


Todos tenemos en nuestra naturaleza los principios de la gestión del dinero: “la entrada tiene que superar la salida”; Todo lo demás son solo detalles. Los expertos en las redes sociales hacen crecer sus cuentas simplemente dando consejos obvios, como hacer un presupuesto, tener un fondo de liquidez, más riesgo, más ganancias, diversificar, bla, bla, bla, todas cosas que son de sentido común, pero nos cuesta apiicar. Talleres caros e inútiles que dan garantía de técnicas para la riqueza y estrategias de inversión probadas con ganancias garantizadas.


La realidad es que las finanzas personales son “PERSONALES” y siempre son inciertas por naturaleza, cambian cada segundo, por lo que no son estandarizables, no hay verdades reveladas, no hay principios comunes, no existen modelos probados, ni técnicas universales ni leyes de la naturaleza. Me di cuenta de que las finanzas son más un arte que una ciencia. Me di cuenta de que respecto al dinero, es más productivo trabajar nuestras emociones que nuestra racionalidad.


El verdadero trabajo tiene que ser sobre nosotros mismos, reuniendo el coraje para lidiar con los traumas de la infancia, perdonarnos a nosotros mismos y compasivamente a otros que nos han hecho daño, y descubrir la gruesa máscara y armadura del ego que nos ponemos y que ve fantasmas por todas partes adaptándose de manera neurótica.


El verdadero trabajo es conocernos a nosotros mismos, dejar de comprar nuestra propia historia desesperada y detectar cómo las emociones influyen en nuestra racionalidad y nos llevan a tomar malas decisiones.


Todos tenemos el derecho y la capacidad de lograr una vida tranquila, próspera y abundante, pero debemos construirla a nuestra manera. No es ciencia aeroespacial.


Hoy estoy seguro de que la mejor inversión que uno puede hacer es conocerse a uno mismo.


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